Han sido meses súper difíciles trabajando en el sector salud y hace unas semanas después de unos días dificilísimos mezclados entre el cansancio diario, la hormona y todo lo que está pasando.

Llegue a casa de mis papás para recoger algo por la puerta, mi mamá abrió vio mi cara entre mis lentes empañados y máscara, se me lanzó a darme el abrazo más bello del mundo y pues no puede contener toda la emoción y lloré como cuando tenía 5 años. 🥺

Ahí Entendí la importancia de esos abrazos que te restauran el alma, entendí lo mucho que los extraño y lo mucho que me hacen falta.

Me detuve y conté el tiempo es ya un año que no recibía ese abrazo y perdí la cuenta del último hasta ese día mágico que guardare por siempre.

2020 sin duda nos dejaste una lección muy importante, valorar el ahora ese nuestro presente y a los nuestros, esos seres que te llenan el corazón y alma, valorar y atesorar esos abrazos, besos, palabras, miradas, atardeceres, risas, esas “pequeñas” cosas que aveces damos por hecho pero que hoy más que nunca cobran toda la importancia del mundo.

Nunca he sido de mil abrazos pero si tengo mi colección de abrazos, sonrías y miradas favoritas 💕 Que espero que cuando esto termine pueda correr a recargarme de ellos.

Cabe mencionar que mis papás desde que tuvieron COVID nos reciben en su casa por fuera y con mil protocolos, así que en este caso el abrazo fue de más especial porque no le importó arriesgarse porque sabía cuánto lo necesitaba. Es mi oración que me duren toda la vida estos ángeles que llamo mis padres.

Si cuando esto termine, corro te abrazo y apapacho, es porque estás en mi lista de abrazos y apapachos que hoy me hacen falta. – LF

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